De AOL Time Warner a Facebook, ¿hemos aprendido algo?

Pase Sin Llamar, Sonia Franco

¿Recordáis la cara que se nos quedó a todos cuando en el año 2000, en plena burbuja puntocom, se anunciaba la fusión de America Online y Time Warner? ¡Guau! Un recién llegado de Internet se comía nada menos que a la Warner. ¡Increíble! Todo indicaba que las reglas del juego estaban cambiando.

Luego le llegó el turno a Google. En 2004, protagonizaba la salida a bolsa más sonada de la década. Otro guau. ¿Una compañía que abanderaba el gratis total se convertía en la que más valía del Planeta?

Y esta semana toca hablar de Facebook, con nada menos que el todopoderoso Goldman Sachs entrando en su capital y el mercado especulando con la fecha de la OPV. Reguau.

La fusión de AOL y Time Warner resultó un fiasco. Y, probablemente, no porque en sus inicios estuviese mal planteada, sino porque no se le supo sacar todo el partido posible. La compañía podría haberse alzado como el gran campeón de Internet, pero sobrevaloró su músculo, no supo integrar equipos y despreció las posibles sinergias, entre otros muchos errores. Eso sí, hizo muy, muy rico a Steve Case, cofundador de AOL.

Google, sin embargo, sí es una realidad. Ha hecho más que rentable un negocio en el que muchos no creían, tiene una cultura empresarial orientada a la innovación y sigue sorprendiendo. Ahora, pretende competir con otro ganador de la revolución digital, Apple, gracias a un ambicioso proyecto para crear un kiosco por Internet para los usuarios de móviles inteligentes y tabletas. Y mientras tanto, los cofundadores, Sergey Brin y Larry Page, cada día son más ricos.

¿Y Facebook? Sin duda, el último movimiento de Goldman Sachs, que coincide con una investigación de la SEC sobre los vaivenes de las acciones de la red social por excelencia en SecondMarket, ha provocado mucho más escepticismo que las otras dos operaciones juntas. ¿Será qué los ánimos de los inversores no están para los mismos experimentos hoy, en plena crisis, que en los burbujeantes principios de los dosmiles? ¿O que hay mucha gente que aún no le ve la gracia (por no hablar de la utilidad) a esto de las redes sociales?

No hay más que leer los comentarios que generó la noticia el pasado martes sólo en la web del New York Times:

—Esto huele al año 2000 otra vez. ¿Alguien se acuerda de Napster y de la burbuja tecnológica?
— ¿Nuestro Gobierno rescató a Goldman Sachs para que pudiese especular en este narcisismo digital?
—Todavía estoy esperando que Facebook haga una verdadera contribución a la humanidad. De momento, son una panda de malgastadores de tiempo.
—No fabrica nada. No hace nada. Sólo es un foro en el que la gente comparte mensajes insustanciales.

Sin irme tan lejos, me he pasado estas fiestas escuchando a un montón de amigos y familia asegurando que jamás –repito, jamás- tendrá un perfil en Facebook. La más combativa ha sido una amiga banquera de inversión. Después de escucharla echar pestes durante un buen rato, le pregunté:

—Pero, si tuvieses ocasión, ¿invertirías tu propio dinero en Facebook?
—Por supuesto —contestó, sin dudarlo un minuto—. El que lo haga, se va a forrar.

Eso debe pensar Goldman, que no tiene fama de dar puntada sin hilo (si nos olvidamos de lo de Grecia, claro). Y sus clientes que, al conocer la operación, se apresuraron a llamar a sus gestores para ver cómo podrían beneficiarse del trato.

En cualquier caso, la operación –que sitúa el potencial valor de mercado de Facebook por encima de gigantes como eBay, Yahoo! o el propio Time Warner- sí deja entrever que han cambiado algunas cosas desde el año 2000. Por ejemplo, que las empresas más prometedoras no tienen tanta prisa por salir a bolsa como antes: cuanto más tiempo permanezcan en manos privadas, más podrán fortalecer su modelo de negocio antes de exponerse a los voraces mercados. O que es coherente tener asegurada una sólida cuenta de resultados para afrontar el implacable juicio de los inversores, por mucho que 500 millones de usuarios y el primer puesto -¡por encima de Google!- en visitas a Internet suene la mar de sexy. O que a Mark Zuckerberg, el creador de Facebook inmortalizado en literatura y cine por La red social y nombrado personaje del año por Time, no le ha hecho falta ni una fusión, ni una OPV para agregar su nombre al de Case, Brin o Page a la lista Forbes de los hombres más ricos del mundo.

Pero, para saber si realmente ha habido cambios sustanciales desde el principio de la década, habrá que esperar no ya a la salida a bolsa de Facebook, sino a la de la multitud de redes sociales que viene detrás. ¿Nos esperan nuevas burbujas? ¿Volverán los inversores a lanzarse como posesos en los brazos de las jóvenes promesas? ¿O habremos aprendido alguna lección? La verdad, no creo que tardemos en saberlo.

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