Amadeo Giannini, el banquero del terremoto

Amadeo Giannini, el banquero del terremoto de San Francisco

Aunque el mundo todavía ignoraba el poder y el peligro de la energía nuclear, en 1906 sí que se tenía constancia del poder y del peligro de los terremotos. De esta manera, entre el desconcierto y el miedo, se despertaron de su plácido sueño los habitantes de San Francisco aquel 18 de abril de hace 105 años. Los casi ocho grados que sacudieron la ciudad californiana y los posteriores incendios elevaron la cifra de fallecidos hasta los 3.000, mientras que los supervivientes se encontraron ante un futuro de ruina similar al que hoy afronta Japón.

De entre los graves problemas provocados por el terremoto destacaron los incendios. El fuego obligó a buena parte de los bancos del país a mantener cerradas sus puertas; otros, directamente vieron cómo ardían los billetes almacenados en sus cajas fuertes. Sin embargo, no todo fue quedarse de brazos cruzados llorando por las víctimas, el conocido tópico de que crisis significa oportunidad se hizo hombre con Amadeo Peter Giannini, el banquero de la catástrofe.

A punto de cumplir los 36 años cuando la tierra le despertó, este estadounidense, hijo de italianos, consiguió sacar de la ciudad en un vagón, utilizado habitualmente para recoger basura, dos millones de dólares en oro, efectivo y en títulos del mercado de valores procedentes del banco que había fundado dos años antes, el Banco de Italia. Pero, A.P., tal y como era conocido, no corrió a almacenar su dinero a la espera de tiempos mejores, decidió que ya que había tenido esta fortuna y esta visión, lo mejor era ayudar a la reconstrucción de la ciudad.

Mientras otros banqueros apuntaban con lápiz y papel los desperfectos en sus oficinas, Giannini, ni corto ni perezoso, colocó un tablón de madera sobre dos barriles en el puerto de la ciudad. Esa fue su oficina, su objetivo: repartir préstamos para la reconstrucción de la ciudad. El crédito se repartió con el único aval de “una cara y de una firma”, entre pequeños hombres de negocios y gente de la calle necesitada de una ayuda para la reconstrucción. Un lejano embrión de los microcréditos que supuso un empujón vital para reanudar la vida normal en la ciudad.

Hasta su muerte, A.P. presumió de que hasta el último centavo de aquellos créditos había sido devuelto. Por su parte, a su aliado inicial, el conductor del camión de la basura que fue un improvisado furgón blindado, recibió también el agradecimiento de Giannini, quien proporcionó a su hijo su primer empleo en su propio banco.

La semilla de Yunnus

La familia de Gianinni emigró de Génova a California, donde en 1870 nació A.P.. Allí, dio sus primeros pasos como comisionista, lo que le dio un capital que, sumado al de su padrastro y otros diez amigos, sirvió para fundar su primer banco, el Banco de Italia, en 1904. Su objetivo fue el de extender el crédito, muy limitado a los hombres de negocios, a la clase trabajadora. Una máxima que aplicó durante la catástrofe de San Francisco.

Tras el terremoto, A.P. comenzó a expandirse a lo largo y ancho del territorio americano. Aquel hijo de inmigrantes italianos estaba bordando aquello delSueño Americano. El también incipiente éxito del cinematógrafo estuvo en la mente de este italo-americano. Contribuyó con una gran ayuda económica a la fundación de la mítica United Artists e, incluso, llegó a invertir dos millones de dólares para la posterior realización del sueño de Walt Disney, Blancanieves y los siete enanitos. La industria de la región también le debe algún favor, y es que la producción del vino californiano comenzó gracias a su dinero.

La expansión de bancos concluyó cuando se englobaron bajo el nombre de Bank Of America en 1928. A pesar de que dos años después se retiró, poco después tuvo que volver a coger las riendas de su grupo debido a la Gran Depresión. A su muerte en 1949, Giannini contaba con una cuenta corriente de 500.000 dólares, una fortuna de la época, pero inferior a lo que podría haber cosechado debido al bajo interés que cobró durante mucho tiempo por sus préstamos. Todo un ejemplo de supervivencia en la crisis.

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