Ciudadano Zuckerberg

Pulverizando casi todos los pronósticos, la conocida como “película sobre Facebook” se convirtió en una de las mejor valoradas y más taquilleras del año pasado, se alzó con los Globos de Oro más importantes y logró tres Oscars, entre otros premios. Dicen ya que es un clásico instantáneo, pero habrá que esperar un poco para confirmarlo. Como sabréis, el octavo largometraje David Fincher,‘La red social’ (‘The Social Network’, 2010), puede adquirirse en nuestro país, en los formatos DVD y Blu-ray, desde el pasado 15 de marzo, dando la oportunidad de verla en versión original a todos los que tuvieron que ir al cine a ver a Jesse Eisenberg (y compañía) doblado al castellano. Notaréis que es una interpretación mucho más auténtica, eléctrica, y que su nominación al Oscar fue merecida. No ya ganar la estatuilla, pues lo que hizo Colin Firth en ‘El discurso del rey’ (‘The King´s Speech’) creo que está un peldaño por encima. Donde no hubo justicia fue con el premio a la mejor dirección. Ya tengo y he vuelto a ver ‘La red social’, dos veces más desde aquel primer visionado en el cine; no creo que haga lo mismo con ‘El discurso del rey’, y eso que es una película estupenda, agradable, sencilla, elegante, muy bien interpretada. Pero no tiene el endiablado guion de Aaron Sorkin ni la apabullante puesta en escena deFincher. Por eso no me cansaré de verla, aunque solo sea un rato, para disfrutar del trabajo de unos tipos tan seguros de sí mismos y plenos de talento, queconsiguen que lo más difícil parezca muy fácil.

Se sabe que Mark Zuckerberg, el verdadero Mark Zuckerberg, alquiló una sala de cine para llevar a parte de su equipo en Facebook para ver ‘La red social’, y que después de verla, aseguró que lo único verdadero que había en el retrato de la película era la ropa, que el Zuckerberg de Eisenberg y él vestían las mismas prendas. También añadió que cuando creas algo que usan 500 millones de personas, resulta irrelevante que una película la vean 5 millones. Imagino que no soy el único que piensa que con esa actitud y esas respuestas, el chico no hizo otra cosa que dar total validez al enfoque de la película, confirmar que el personaje escrito por Sorkin e interpretado por Eisenberg, ese genio carente de empatía, desconectado de la realidad, torpe en las relaciones personales, infantil, arrogante, envidioso, obsesivo y egocéntrico, es, en esencia, muy similar al verdadero Zuckerberg. Pero es que en todo caso, si no fuera así, daría absolutamente igual. ¿Qué nos importa la fidelidad a la realidad, si tenemos el cine para hacerla más interesante?

La película, basada en el libro ‘Multimillonarios por accidente’ de Ben Mezrich, nos devuelve al invierno de 2003, y nos sitúa en un pub llamado “El estudiante sediento”, donde una joven pareja toma unas cervezas mientras mantiene una conversación. Son Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) y Erica Albright (Rooney Mara), en una potente escena inicial, fundamental no solo porque nos presenta al protagonista principal, su forma de ser, sus ideas, sino porque nos da la clave para entender qué hace a continuación, los primeros pasos de lo que finalmente llegará a ser Facebook, y todavía más importante, la clave para adentrarnos en el corazón de este aparentemente frío e inaccesible personaje (como el famoso trineo de ‘Ciudadano Kane’). Es el multimillonario más joven del planeta y quizá uno de los mayores genios de nuestro tiempo, pero esa noche perdió algo, y no lo va a recuperar jamás. Haga lo que haga. Esta fantástica charla es igualmente muy interesante cuando se suma a otras que hay a lo largo de la película (por ejemplo, cuando su abogado saca el asunto del maltrato animal), y nos da un retrato de Mark lleno de matices, contradictorio, imperfecto, a pesar de su empeño por parecer invulnerable, por disfrazar sus puntos débiles.

De la misma manera, aunque puede que la mayoría esté totalmente de acuerdo con su actitud, también me gusta la imperfección de Erica, un personaje muy relevante para lo poco que aparece en pantalla. En el fondo, queda como una chica irascible, insegura (atención a su reacción por el comentario sobre sus pechos) y rencorosa, incapaz de disculpar al que fue su amigo y pareja, de entender qué el chico ni lo hizo a propósito ni tiene por qué seguir siendo un capullo integral con el paso de los años (que levante la mano el ser perfecto que no ha dicho o hecho algo que lamentara al día siguiente, o incluso antes); de hecho, Mark se arrepiente pronto, casi desde que escribe en su blog (algo que al parecer, hizo el sujeto verdadero). Con esto no pretendo justificar al personaje, solo digo que se ponen sobre la mesa los dos puntos de vista, y creo que queda patente que ambos se equivocan, pues ninguno es perfecto, los dos se portan mal, los dos son humanos. Bueno, en la ficción. Y no ocurre solo con ellos, también con Eduardo Saverin (Andrew Garfield), Sean Parker (Justin Timberlake) o los hermanos Winklevoss (Armie Hammer con la ayuda de Josh Pence), puedes estar de su parte en una escena, creer que tienen toda la razón, y en otra pensar que son unos cretinos, unos ladrones o unos inútiles. Es fantástico.

Y es que el mayor acierto del formidable guion de Sorkin es que no juzga a nadie (lo que no deja de ser curioso en una película con dos demandas judiciales), pese a que adapta una novela que solo recoge la versión de los hechos de Eduardo. Se apuesta por la diversidad de perspectivas, por creer a todos y a ninguno (Mark rechaza la versión que da Erica de su ruptura), por no ofrecer al público un abanico de personajes buenos y malos, como tampoco respuestas claras, conclusiones cerradas o versiones únicas de los hechos. Tanto es así que, según ha confesado, Fincher y él no tienen una misma visión sobre el protagonista (el guionista apuesta por un cambio interior, el director no lo ve tan claro). Pero la buena noticia es que valen las dos, no tenemos que aceptar solo una. No cabe duda que quedarán en la memoria del espectador los afilados diálogos escritos por Sorkin (con mayor o menor fidelidad) y las interpretaciones del reparto (todos muy convincentes, ninguno desentona). Pero‘La red social’ sería otra película, y definitivamente una más aburrida y blanda, sin la lúcida, incisiva y obsesiva realización de David Fincher, capaz de sorprendernos a estas alturas con el uso de efectos visuales sin tener recurrir a gigantescos indios azules o ciudades soñadas que se pliegan. Y esto pese a que no le tiembla la mano sacrificando presupuesto destinado a arreglos informáticos para poder repetir tomas con los actores, incansablemente, hasta lograr un gesto o una mirada que le satisface. Pero no se nota el esfuerzo, parece espontáneo.

Por otro lado, es él quien decide mantener casi intacto un complicado guion de 164 páginas (lo podéis leer o descargar aquí), algo que por lo general daría como resultado una película de al menos 164 minutos, no solo haciendo que los actores hablen más rápido (tarea sencilla para Eisenberg), también con la ayuda de los montadores Kirk Baxter y Angus Wall, cortando las conversaciones de una manera tan efectiva y sutil que casi no percibes la cantidad de cambios de plano que hay, alternando varias líneas narrativas a tal velocidad que las dos horas de metraje se pasan volando, impensable cuando la mayor parte de la película consiste en diálogos, en gente, casi siempre sentada, hablando. En la escena inicial hay más de 100 cortes, una cantidad similar a la que emplean muchos directores (no necesariamente mediocres) para rodar una persecución o una pelea; pero ahí simplemente hay un chico y una chica charlando en un bar, y no te das cuenta de que el montaje te obliga a mirar a un lado y a otro, te parece estar viendo a los dos al mismo tiempo, estar ahí en la mesa, con ellos. Con el estilo rápido, chispeante, improvisado y cortante de una conversación en un chat o en el mismo Facebook.

De este lienzo de nuestro tiempo, donde se refleja cómo la tecnología ha cambiado la forma en que vivimos, los negocios (Sean contra Eduardo), la identidad (uno puede reinventarse fácilmente o ser múltiples “personas”) o las relaciones personales (la conversación sobre el estado sentimental de Eduardo en Facebook), también hay que destacar el trabajo musical llevado a cabo por Trent Reznor y Atticus Ross, que encaja perfectamente con la visión de Fincher y la fotografía de Jeff Cronenweth. Hoy en día es habitual encontrar películas impecables desde una perspectiva técnica, pero es muy raro, y cada vez lo será más, que también destaquen desde otros puntos de vista, que hablen del mundo y de nosotros, que demuestren inteligencia, sensibilidad y personalidad. Y que además sea entretenida. Aquí lo tenemos todo. La creación de la herramienta social más exitosa del momento por parte de un tipo antisocial, que gana un imperio a costa de quedarse completamente solo, sirve de excusa para tratar muchos temas, y todos interesantes, todos eternos: amistad, amor, celos, odio, traición, venganza…. No diré que es una película perfecta (a veces va demasiado deprisa cuando interesa conocer más detalles, y tiene un tramo final demasiado abrupto, mal calculado), pero no creo exagerar cuando escribo que ‘La red social’ es una de las películas más fascinantes de los últimos veinte años.

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