La historia triste de Roque, un cuotapartícipe de la CAM

LUIS A. TORRALBA.HOY"Ocho meses largos en la travesía del desierto, a la intemperie, y resulta que estaban cayendo chuzos de punta. Nadie fue capaz de informar en tiempo y forma a los accionistas de la CAM. Nadie protegió a los inversores…"

Roque siempre ha sido cliente de Caja Mediterráneo (CAM), o al menos eso creía, ya que en estos dos últimos años al parecer también lo ha sido -en diferentes momentos- de Banco Base, Grupo CAM y Banco CAM. Pero eso no es lo que más le ha inquietado de todos los avatares acontecidos durante tan corto espacio de tiempo en la entidad alicantina. Su fidelidad está a prueba de bombas aunque bien es cierto que tampoco difiere mucho de la de los clientes de Bancaja y/o Banco de Valencia.

Roque también es accionista de la caja desde el 23 de julio de 2008, el día que hizo historia la CAM al debutar en el parqué, y esto sí que le preocupa. Quizá fue el principio de todos los males. "¿Una caja cotizando en bolsa? Me sonó raro, pero me convertí en accionista de la primera caja de ahorros en bolsa", pensó en su día este ‘accionista’ desesperado.

Cuando compró las cuotas a 5,85 euros recibió un papel de su sucursal que le dejó con la mosca tras la oreja ‘los cuotapartícipes podrían no recuperar toda la inversión efectuada’. Como si ya lo supieran en aquel momento. Pero había más factores de riesgo: retribución condicionada a beneficios suficientes, ausencia de derechos políticos, precio volátil de las cuotas, escasa liquidez del valor,… Sin embargo, Roque es un hombre de palabra y asumió las consecuencia, sin calibrar bien su alcance. "Está escrito y firmado por mí, así que a lo hecho pecho".

Hasta aquí Roque no tiene ninguna objeción con la caja, pero no así con la actuación de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Sí, la misma que debe velar textualmente -tal y como se presenta en su web, "por la transparencia de los mercados de valores, la correcta formación de los precios en los mismos y la protección de los inversores, promoviendo la difusión de cuanta información sea necesaria para asegurar la consecución de esos fines".

Sin embargo, Roque tiene la sensación de que el organismo que preside Julio Segura no le ha protegido, ni tampoco ha velado en ningún momento por la transparencia de este amargo devenir de las cuotas. Tal vez esté equivocado, pero las sensaciones son las que son y al final acaban convirtiéndose en la única realidad.

Desde que el Banco de España ‘invitó’ a la caja a fusionarse con otras de sus semejantes, la falta de información y el número de despropósitos han ido en aumento exponencial y la CNMV no ha hecho nada para remediarlo. De hecho Roque cree que ha cooperado obedientemente en la dirección contraria. El 24 de mayo de 2010 sus cuotas valían al cierre del mercado 5,95 euros. Ese día se anunció el inicio de la integración de la CAM en un Sistema Institucional de Protección (SIP) junto con CajAstur, Caja Extremadura y Caja Cantabria.

ANNUS HORRIBILIS

Más tarde, el 24 de septiembre, dicho acuerdo fue ratificado por la Asamblea General de la caja. Ese día las cuotas participativas cotizaban a 6,84 euros, un 17% por encima del precio del debut en bolsa. Todo iba muy bien. Como consecuencia de todo lo anterior tuvo lugar el nacimiento y constitución de Banco Base, concretamente el 28 de diciembre. Las cuotas cerraron a 6,78 euros. Y no era broma, pese al día en cuestión.

Nada hacia intuir que 2011 sería el annus horribilis de la caja dando lugar a su práctica desaparición, al menos como Roque la había conocido hasta la fecha. Pese a haber sido un proceso tutelado, ordenado, definido y otras tantas cosas más por el Banco de España, los acuerdos saltaron por los aires el 30 de marzo de este año. Los socios de la CAM no firmarían la segregación porque al parecer la entidad que entonces presidía Modesto Crespo no era ‘trigo limpio’. Las cuotas se resentían bajando hasta los 6,31 euros, pero todavía cotizaban un 8% por encima del precio de salida de la OPV.

Roque no esperaba que las cuotas cayeran mucho. "Al final la inversión no va a resultar tan mala", llegó a pensar. Además se quedó más tranquilo al leer un hecho relevante de la caja que decía "la CAM analiza con el Banco de España la correspondiente estrategia y calendario de cumplimiento de los requisitos de capital". Y, entre ellas, la entrada del FROB en su capital. "Todo controlado", respiró tranquilo.

El pasado 15 de abril se comunicó a todos los cuotapartícipes que la CAM traspasaría su negocio a un banco (Banco CAM), pero que sería el Banco Base recomprado al resto de socios. Ese día las peculiares acciones de la caja -sin derechos políticos- cerró a 5,59 euros. La cosa parecía torcerse porque ya perdía más de un 4%.

Tres meses después, concretamente el 14 de julio, el FROB -guiado por Banco de España, pensó Roque-, le comunicó a la caja alicantina que la recapitalización solo podría venir de la mano de la entrada del FROB en el accionariado del Banco CAM, negándole la vía de los préstamos de participaciones preferentes. Roque no sabía muy bien que estaba ocurriendo, pero las cuotas ya valían 4,62 euros. Una caída superior al 20% desde su debut bursátil.

Además, no pudo consultar las cuentas de la caja, ni las del banco porque no estaban publicadas. La noche había caído sobre la CNMV. Oscuridad total. Apenas se habían registrado ‘notitas’ del consejo de la CAM, que por otro lado no hacían presagiar tanto mal como posteriormente sucedió. Que si ganamos dinero (39,8 millones de euros en el primer trimestre, tal y como se publicó el 27 de mayo), que si se aprueba un reparto de dividendos (30 de marzo) y se paga (29 de abril)…

DE MAL EN PEOR

Y el toque de gracia llegó el 22 de julio, con las cuotas ya cotizando en bolsa a 4,56 euros. La caja, el grupo, el banco o lo que fuera -porque Roque ya no sabía muy bien lo que era- la CAM era intervenida. Ciertamente sonaba realmente mal. Menos mal que un día antes, las cuotas de este inversor desesperado iban a ser recompradas por la caja a 4,77 euros. "Algo es algo", pensó.

Roque no creía que la cosa fuera a ir a peor, pero… se equivocó una vez más. El pasado 24 de agosto, cuando disfrutaba de unas merecidas vacaciones a pie de playa, recibió una llamada de un amigo que le comunicaba que se invalidaba el acuerdo de recompra de sus cuotas, que ya entonces cotizaban a 3,40%, aflorando así un 42% de minusvalías latentes. Pero ahí no quedó la cosa.

El síndrome postvacacional de este sufrido bolsista -o mejor dicho cuotapartícipe- se acentuó al conocer que el 5 de septiembre, el Banco de España, a través de sus administradores y el FROB, rehacía la contabilidad del banco y decía que ahora la morosidad era del 19% y que se habían perdido en el primer semestre más de 1.130 millones de euros.

Todo el año sin cuentas oficiales, no publicadas en ningún sitio, una caja cotizada en bolsa, monitorizada por el Banco de España y el pobre Roque se entera de que hay un agujero en la caja de tal calibre. Y las cuotas cruzándose ya a 1,90 euros. Las decisiones del FROB, o del Banco de España, o del Ministerio, o las no decisiones de la Generalitat Valenciana, le habían costado nada más y nada menos que casi el 70% de su inversión.

Ocho meses largos en la travesía del desierto, a la intemperie y resulta que estaban cayendo chuzos de punta. Nadie fue capaz de informar en tiempo y forma a los accionistas de la CAM. Nadie protegió a los inversores. Ayer las cuotas cerraron a 1,76 euros y Roque ya no encuentra respuestas. Mientras tanto, los tenedores de preferentes y subordinadas de la caja alicantina ya se ven reflejados en este cuotapartícipe desesperado. Pero esa es otra cuestión…

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